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El fundamento de las iglesias gentiles II

Hc. 18:18-28. Hechos 19:1-22.



Día 7. Ore para crecer y enriquecer su caminar con Dios. Una planta para crecer y enriquecerle con su fruto necesita de cuidados con amor, buena tierra, que se le abone y riegue todos los días. Así es la vida del cristiano, necesita ser cimentada en el amor de Dios sea y pueda dar frutos. Lea efesios 3:17-19


¿Cuáles son los signos de la obra del Espíritu Santo? Es una interesante pregunta que como creyentes en algún momento podríamos hacernos. Pablo, apartado para el ministerio entre los gentiles, inspirado por la presencia del Espíritu Santo, se encuentra realizando su ministerio activamente, pero no según sus criterios, le podemos ver rechazando invitaciones (Hc. 18:20) y aceptando otras (según Dios, -verso 21-) y siempre tratando de responder según las necesidades de la comunidad. En uno de estos viajes se encuentra con un grupo de discípulos que solo habían experimentado el bautismo de Juan, un caso muy similar que había sucedido con Apolos, que a pesar de ser un creyente muy versado y defensor de Jesús como Mesías, solo conocía el bautismo de Juan. Aí que les pregunta: “¿Recibieron ustedes el Espíritu Santo cuando creyeron?” y lo sorprendente es que ni si quiera habían escuchado hablar del Espíritu Santo y al inicio del relato se nos deja en claro que son discípulos (Hc. 19:1).

Vamos a analizar en perspectiva este asunto, primero hay personas que saben de Jesús, reconocen que él es el Mesías y que han sido solo bautizados en agua, o como se explica después en el bautismo de arrepentimiento (Hc. 19:4), pero que lamentablemente no conocen al Espíritu Santo. Pablo, reconoce que sin el Espíritu de Dios no hay posibilidad de pertenecer al Camino. Así que los bautiza en el nombre del Señor Jesús y reciben al Espíritu Santo que se manifiesta con lenguas y profecía, así como lo había hecho con los apóstoles en el Pentecostés.

Notemos el papel de la presencia del Espíritu en la iglesia gentil, el de proveer lo necesario para la comunidad de fe. Al llenar de profecía cuando fueron bautizados e impuestas las manos sobre los doce en Éfeso, se nos enseña que Dios ahora también ha decidido llenar a los genitles de su Espíritu y ser portavoces como lo fueron los profetas en el Antiguo Testamento. Aunque Pablo tiene una tendencia de valorar el don de la profecía que lo ubica en la segunda posición después del Apostolado, reconoce que la presencia del Espíritu hace que los dones se repartan a toda la iglesia y sirvan para su crecimiento. El Espíritu Único de Jesucristo suplió las necesidades de todos los miembros de la Iglesia, distribuyendo a cada uno la medida de gracia que requería su oficio o su condición de vida.

Cuando somos bautizados, el Espíritu es derramado sobre todos los bautizados sin distinción. No hay excepción de personas para Dios. Como lo reza la fórmula bautismal más antigua que recogió Pablo: “Ya no hay judío ni gentil,[a] esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús”. Los signos de la presencia del Espíritu Santo es que tú y yo, todos nosotros, sin importar de dónde vengamos, ni cuál sea nuestra condición o género, podemos llegar a ser Uno en Cristo Jesús, ser una comunidad con un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.

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