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  • Fredi Arreola

El Bautismo de Jesús I

(Mc. 1:9-11 Mt. 3:13-17 Lc. 3:21-22 Jn. 1:32-34)



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Ora: Salmos 33. Canta: En las aguas del bautismo


Podemos percibir al Espíritu Santo, ese mismo que engendró a la Sagrada Humanidad, acompañando a Jesús durante sus años de inmadurez y llevándole hasta la plenitud de sus poderes. Una preparación prolongada, que se extendió mucho más allá del completo desarrollo de la masculinidad, en búsqueda de una virilidad fortalecida y completa en Jesús antes de que pudiera ingresar a su breve ministerio público. Aunque los rabinos no entraban a su servicio hasta los 40, vemos a Jesús ingresar al ministerio a sus 30 años y gracias a esto Ireneo le llama el magistri aetas perfecta (maestro al tiempo perfecto). No hay ningún tipo de razonamiento formal o técnico para escoger esta edad, más bien la conciencia en su espíritu de que había llegado el momento para realizar su obra pública. La presencia del Espíritu Santo trabajando en la esfera de su consciencia humana. 

El evangelio de Marcos nos informa acerca de las noticias de que Juan está predicando acerca de la necesidad de arrepentimiento en el valle de Jordán y se puede observar a Jesús desplazándose hacía aquel lugar con el propósito de buscar el bautismo de Juan. 

Al parecer el ministerio de Juan había entrado a una nueva etapa, que era el reconocimiento de un Sucesor mayor. Definiéndolo como: “el que viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado”. Agrega que Aquel es el que bautiza con el Espíritu Santo y no con agua. Los evangelios de Mateo y Lucas agregan fuego, como un recuerdo al Pentecostés, como a especie de recuerdo del fuego insaciable que se menciona en el contexto. De igual forma en el cuarto evangelio se explica que Juan sabía por revelación expresa; por aquella misma voz Divina que le ordenó bautizar en el Jordán, ahora diciéndole que vendría otro que debería bautizar con el Espíritu Santo. Se puede apreciar con detalle que el bautismo espiritual fue la bendición prometida de la era mesiánica, y fue prerrogativa del Mesías otorgado. 

Por último ante la petición que hace Jesús de ser bautizado, se nos narra la resistencia del Bautista no solo a bautizarlo sino a que él no necesita ser bautizado. La respuesta de Jesús es que se debe cumplir toda justicia. Y sin dejar de reconocer el poder que se le atribuye, deja la objeción del Bautista a un lado, debido a que las circunstancias actuales así lo demandaban y que era apropiado para su vida terrenal el estar sometido a obedecer a Dios. Ante esto, Juan deja de oponerse y Jesús siguiendo a la multitud al lugar del bautismo, se bautiza en el Jordán; quizás fue el último de todos, o cuando la multitud ya se había dispersado. 

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